"EL AMOR ES LA FUERZA QUE HACE GIRAR AL MUNDO"

SATURNO



Tu cuerpo desnudo se mostraba allí,
en el bello horizonte sepulcral del universo.
Un mar ondulante y sensual giraba alrededor
de espumas metafísicas y dolientes.
Tus anillos viriles de hielo quemaban
cual boca sedienta de amor en primavera.
El humo astral y abismal caía sobre mi cuerpo
desastado por el tiempo venturoso y sexual.
Yo te contemplaba una y otra vez como una
amante embelesada.
Amanecía cada día, moría cada noche
de amor contigo.
¡Oh dulces sueños cuajados de quimeras
extrañas y sutiles!
Cuanto os lamento.
En la quietud de la eterna e inquietante
soledad, yo espero aún los amaneceres
soñando bajo tu piel astral.

POETIZA ARGENTINA Ana de Muro

MAR Y AMOR

Grabado original, con el monograma al lápiz, estraído del libro "Mer et amour


Sobre mar y amor, casi nada sé.
Sólo sé lo que dicen los poetas:
Que la luna los afecta, alucina.
Que su olor contamina, apetece.
Que la calmaría esconde misterios
en la poesía.
Que el ritmo de las olas
yendo y viniendo,
enloquece,
rompe rocas,
atormenta.
Hay tormenta.
Sé que el sabor de la sal
aumenta la sed
y que ambos son inmensos,
y ciegos.
Sobre mar y amor,
casi nada sé.
Ni siquiera sé nadar.

Marilda Confortin

HISTORIA NATURAL


El amor de paso,
el amor accidental,
se da entre dos cuerpos
en el plano del animal,
cuando son más sensibles
a la atracción por la sal,
tienen el don de moverse
y saltar el corral.
Realizado el encuentro,
reunidos en pareja,
hé aquí que van asumiendo
el ceremonial
que ahora es ya difícil
definirse de cuál:
si todavía del semoviente
o ya del vegetal
(pues los gestos revelan
el ritmo luminal
de planta, que se mueve
pero en el mismo sitio).
Al fin, ya no se sabe
si aun es vegetal
o si la planta se hizo
formación mineral,
a fuerza de querer
permanecer tal cual,
en la permanencia viva
que es propia del cristal,
que no sólo puede ser
lo inmóvil más cabal
pero que al estar inmóvil
está encendido y actual.

II

Después viene el regreso:
suben del mineral
para volver a la superficie
del reino habitual.
Viene el desintegrarse
de aquella piedra o metal
en que antes se soldara
el doble vegetal.
Viene lo difícil de-
senmarañarse mal,
desabrazarse lento
de aquella planta dual
que mientras embarazada
recordaba un bejucal
(al parecer una
siendo aun plural).
Viene el desabrazarse
sin querer, gradual,
de plantas que no quieren
subir al animal,
ciertamente por comprender
que el bicho inicial
a que ahora regresan
(ya van en el vegetal),
ciertamente por comprender
que el bicho original
al que ya regresaron
desligados, al final,
no se encontrarán más
en el pajar o en el arenal
multimultiplicado
de cualquier capital
.


Joao Cabral de melo neto

DEJA VU


Adalgisa Neri



no sé de qué manera
ni bajo qué propósito
estás de regreso
y tan precisa
tan abrupta tu presencia
vuelve a dar en mi pecho

entonces yo también vuelvo
y es inevitable
como agua me acomodo al recipiente
y reposo
o recuerdo
no hay diferencia en esto
a no ser
por esa cicatriz que disimulo
cuando gana la intemperie

regresaste y vuelve mi mano sobre la tuya
un día sobre el otro
y letra por letra
vuelve a las cosas que tocamos
su primer nombre

advierto que hasta entonces
no supe de qué se trataba el retorno
y sabras que el verde verde limón
que se desangra en la rama
soy yo

"BAR EL CONSUELO"

Foto de OSHO


El es viejo y ha visto
ponerse el sol severo,
muchas tardes de junio, casi infinitas tardes de diciembre.
En primavera rojo,
pálidos en fríos últimos.
Y allí está ese portón que encima pone:
"Bar El Consuelo". Su sandalia ha pisado,
ingresando en la niebla del aliento reunido.
Desde el pie a su garganta,
cual todos: unos trozos de pana, paño a veces,
y una camisa viva,
ah, sí, vivida,
colgada de unos hombros trajinantes.
Encima, apenas justo, el cuello estriado,
caliente si cobrizo,
por sostener esa cabeza entera
que allí el tiempo obtuviese.

Borrasca y calma a solas.
Los revueltos bigotes, maleza gris, silencio;
las labradas cortezas, cual si el cincel ahondase,
y esa mata furiosa, inmóvil--brillo a veces--,
que atormentada irrumpe.
Debajo están los ojos: calma triste.
Oh, qué sabio reposo,
respuesta, no pregunta,
que mantuviese lumbre entre más sombras.

En las tardes caídas
Allí a la puerta fuma. El humo lento, de los ojos vela
la luz azul callada,
el azul enterado, siempre el mismo.

Por las mañanas hace
labor en otros troncos: maderas y volutas, mientras en la penumbra
el brazo da a la sierra.
Una materia arroja
la gracia o la viruta: espuma viva,
y él al caer la tarde--el brillo ardido--
Su herramienta depone.

Algunos días vaca
para otro menester. Con tablas toscas,
casi siempre, a veces bien pulidas,
caja compone a la medida justa:
el tamaño del hombre.
Este cuerpo enterizo, al pie de un árbol
o entre tomillo humilde,
o junto al lienzo blanco,
cava y más cava, y su tesoro ríndese.
Pesado y lento baja;
No brilla; allí da fondo.

Cuando el hacer termina
con el día, él apura
sus pasos. "El Consuelo". Y va a sus muros.
Allí Rafael el trajinado y Blas furtivo y Luis, y el niño rubio
que al mostrador reparte fuego, en sombras,
o luz del sol: ¡oh, vino claro ardido!

Y Juan que fuma, quema
ceniza. Y más. Luego a la puerta
mira a la noche, la corona de luz que ella ha apagado,
y está la calle en sombra.
Al fondo, allí, la fuente:
"Reinando Carlos IV...". Y justo, a oscuras,
siente caer del agua el chorro inmóvil.
¡Oh, sin tregua, presente!



VICENTE ALEIXANDRE
(Premio Nobel de literatura 1977)

CONSUMACION


Si yo fuese un niño,
si yo fuese un niño, redondo, quieto y sumergido.
Sumergido, no; sacado a la luz, estallado hacia fuera, exhibido en esa otra Creación
donde un niño es un niño en su reino.
Pero si sumergido estuve antaño, bajo las aguas de la luz que eran cielo y sus ondas,
hoy no puedo sino decirlo, tomar nota, procurar explicarlo,
prohibiéndome al mismo tiempo la confusión de lo que veo con lo que fue y ha sido.
Todavía el hombre a veces intenta explicar un sueño, dibujando la presencia del amor,
el límite del corazón y su centro justísimo.
Aún intentar decir: «Amo, soy feliz; me conformo.»
Que es tanto como decir: «Soy real.» Pero cuando las hojas todas se han caído:
primero las flores, luego los mismos frutos, más tarde el humo, el halo
de persuasión que rodea a la copa como su mismo sueño
entonces no hay sino ver aparecer la verdad, el tronco último, el
despojado ramaje fino que ya no tiembla.
La desnudez suprema del árbol quedado
que finísimamente acaba en la casi imposible ramilla,
tronquito extremo sin variación de hoja,
superación sin música de la inquietante rueda de las estaciones.

Entonces llega el conocimiento, y allá dentro en el nudo del hombre,
si todavía existe un centro que tiene nombre y que yo no quiero mencionar;
si aún persiste y exige y golpea imperiosamente, porque nadie quiere morir,
puedes sonreír de buena gana, y burlarte, y mirándolo con desdén quiere morir,
decir con voz muy baja, de modo que todo el mundo te oiga:
«Amigo...: todo está consumado.»


VICENTE ALEIXANDRE

(Premio Nobel de literatura 1977)

VIENTO TRISTE


"...el guardián que en la noche de mi tránsito
prohibiera en absoluto la entrada a la luna..."
Federico García Lorca



Presagio -
Tu hilo adverso
Restañando
El ávido bosque
De la noche.

Conjuro,
Venenos, nitratos,
El plomo, la mentira.
No pretendas ser
Rosa sin ceniza
Modulando la insidia
De la muerte.

Tu aleteo
Y el hollín siniestro
Desmembrando
El blanco cernícalo de la luna.
Los duraznillos se mecen
Ribeteando el río solitario.
El viento triste
De cualquier romance
Se lo bebe el aguacero.

Presagio -
Menta madura entre los dientes,
El bello don
Ciego de melancolía.
Suavidad salobre graficando
Aromas duplos como tù,
Sagitante animalito
Imposible de morir


Cecilia Bustamante

LEYENDA







Desnuda
la rosa subrepticia
guarda silencio
secreto
entre los dioses.
Su quietud asedia
la copa del día.

Tiñamos de sangre
sus espinas.
Que nos hieran.
Quebremos la rosa
escondida,
libre
en algún corazón.

Silencio.
Es el dios del silencio.
La rosa es silencio
y siempre será
la única rosa.
Ella misma
será el fuego
siempre en la memoria.

Los dioses compasivos
persiguen con sus flechas.
Amor - acaso ya
en eterno silencio

¿Quién es
el guardián de la rosa?




Cecilia Bustamante

CARTAS SECUESTRADAS


Tengo en el alma una baranda en sombra.
A ella, diariamente me asomo, matutino,
a preguntar si no ha llegado carta;
y cuantas veces
la tristeza celebra con mi rostro
sus óperas de nada.

Una carta.
Que me escriba una carta la que me hizo
los ojos negros y la letra gótica,
que me escriba una carta aquella amiga
analfabeta de pasión cristiana;
duraznos de mi tierra: que me escriban,
y redacte una carta pequeñita
mi hermana abecedaria y pensativa.

Muertos los de mi infancia
que se fueron
dormidos entre el humo de las flores,
novias que se marcharon
bajo un farol diciendo eternidades,
amigos hasta el vino torturado:
¿No hay una carta para Juan Gonzalo?

Si no fuera poeta, expresidiario,
extranjero hasta el colmo de la gracia,
descubridor de calles en la noche,
coleccionista de apellidos pálidos:
quisiera ser cartero de los tristes
para que ellos bendigan mis zapatos.

Que los cojos me narren su muleta,
y el enfermo me cuente de su almohada,
y me pidan prestada mi sonrisa,
pero en carta de amor certificada.

El día que me muera: ¿en una piedra?
el día que me duerma: ¿en una cama?
que me llenen de cartas la camisa
para asfixiarme de palomas blancas.

También de palomar se muere un hombre,
cuando sabe vivir por una carta.



Juan Gonzalo Rose

LEJOS DE LA TIERRA


Contemplé tanto la belleza
Que mi visión le pertenece
Kostantinos Kavafis


Súbitamente descubro en tu cuerpo mis líneas,
como el reflejo silencioso de una imagen delirante
como el susurro suplicante de palabras sofocadas
súbitamente
te propongo absoluta,
y redundando,
rindo culto a los murmullos de una estrella sumergida

Mujer terrestre
Mujer museo
Mujer delirio

Mujer estruendo

Desde estos nardos desvalidos te propongo imperturbable,
tan levemente develada
que te respiro cuando surges,
tan levemente resurgiendo
que te respiro cuando emerges
cuando te sueñas
imperfecta y sugerida

disonante nínfula de acero.

HOY TE HARE EL AMOR


¡¡Hoy te haré el amor!!
serás mía, seré tuyo, seremos los dos sin razones, motivos, preguntas,
solo que; hoy será el día y te haré el amor.

Mirare tu cuerpo desnudo detenidamente,
y solo con mi mirada iras entrando en calor,
entonces muy lentamente me acercare a ti, sin reclamos, sin preguntas.

Y ya cerca acariciare tu rostro, para recordar cada facción,
te hablaré muy despacio, te diré al oído cosas inimaginables,
cosas que nunca has oído... que solo te harán desearme.

Recorreré palmo a palmo cada parte de tu cuerpo,
y sintiéndote en la gloria pedirás por mas placer,
abrirás tus ojos para mirarte en los míos,
que profundos y serenos te dirán que eres mía.

Sentirás mi piel arrastrarse por la tuya,
aunque somos dos cuerpos, en almas seremos una.
en ti verteré amor, pasión, deseo y lujuria
y tu sentirás morir en delirio, pidiendo la luna.

Y ya al borde del éxtasis te haré mía completamente,
de manera pasional, salvaje, y aun mas incoherente.
Y cuando juntos los dos lleguemos al clímax de nuestra unión,
te recordare que te dije...

¡¡Que hoy era el día y te haría el amor!!.


Morgana Fuego.

DELICIOSO PLACER


Abrázame con ternura amada mía,
envuelve mi rostro con tu anhelo,
para abrir de par en par las apetencias
y desatar las pasiones que llevamos dentro.

Déjame recorrer palmo a palmo,
todos los caminos de tu ansiado cuerpo,
que mis cálidas manos silenciosas despierten los temblores del deseo.

Embriágame con la caricia apasionada,
entre suspiros de encendida fogosidad y estimula mi ardorosa vehemencia,
entregada con amor a la locura de amar.

Muéstrame tu mejor fantasía en un sublime arrebato de ensueño,
y perdámonos en la delicia del placer,
estremecidos por el gozo del delirio eterno.


Víctor Manuel Gutiérrez Caballero.

ANGEL DEL DESEO


Angel del deseo, mujer de placer,
siento candentes tus manos...
siento tu cuerpo cuando me abrazas
y tus besos son mi perdición.

Angel del deseo, mujer de placer,
necesito escuchar tus gemidos...
cuando mi cuerpo trémulo,
se funde en tu cuerpo en un mismo ser.

Angel del deseo, mujer de placer,
mi deseo crece cada día más...
viendo tu cuerpo estremecer,
excitarme y desearte mas, imposible es.

Angel del deseo, mujer de placer,
necesito sentirte mía...
que me sientas entrar en ti,
entrar en tus deseos, calmar tu sed.

Angel del deseo, mujer de placer,
necesito oír tus gritos de placer...
necesito verte gozar... estremecer,
necesito tu éxtasis del placer.

Angel del deseo, mujer de placer...
necesito, deseo el delirio de tu gozo,
llegar contigo al éxtasis del final.

Extasis del placer.




LYDIA GOMEZ FERRER

AMORETO


Quiero ver en tus ojos el destello,
la inquietud de mi fibra,
el rocío en tus manos asidas a mi río,
el recodo en que habita lo más bello.

Quiero ser
en la sangre de tu sello,
hoja nueva en el vaso antes vacío,
ser, amor,
tu sabor en el estío,
la delicia en el pulso de tu cuello.

Quiero andar tu sudor y tu saliva,
atreverme a probar,
el agua viva que en tu beso refleja la dulzura
del estanque aromado y su tersura;
agua rauda y ardiente que cautiva
brillo de agua
que colma mi hendidura.


ETHEL KRAUZE.

AMAME AHORA


Ámame ahora porque quizás el mañana no exista,
ámame como jamás has amado nunca,
hazme sentir que estoy viva y puedo volver amar,
ámame, cúbreme el cuerpo de besos y no me dejes ir.

Sopla con tu aliento el fuego que creí ya muerto,
haz vibrar mi cuerpo, te lo pido por favor,
solo tu puedes encender en mí la llama que se extingue,
no dejes que se apague la flama, avívala con tu amor.

Ámame toda la noche, toma las llaves de mi cuerpo,
quédate dentro y siente mi pasión,
deja marcas indelebles en mis labios y en todo mi ser.

¡Ámame mi amor como tu sabes hacerlo!

Diosa De Fuego

LA INQUIETUD DEL ROSAL


El rosal en su inquieto modo de florecer
va quemando la savia que alimenta su ser.
¡Fijaos en las rosas que caen del rosal:
Tantas son que la planta morirá de este mal!
El rosal no es adulto y su vida impaciente
se consume al dar flores precipitadamente.

LA CARICIA PERDIDA


Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos... En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará... rodará...

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?

INDOLENCIA


A pesar de mí misma te amo; eres tan vano
como hermoso, y me dice, vigilante, el orgullo:
«¿Para esto elegías? Gusto bajo es el tuyo;
no te vendas a nada, ni a un perfil de romano»

Y me dicta el deseo, tenebroso y pagano,
de abrirte un ancho tajo por donde tu murmullo
vital fuera colado... Sólo muerto mi arrullo
más dulce te envolviera, buscando boca y mano.

¿Salomé rediviva? ?Son más pobres mis gestos.
Ya para cosas trágicas malos tiempos son éstos.
Yo soy la que incompleta vive siempre su vida.

Pues no pierde su línea por una fiesta griega
y al acaso indeciso, ondulante, se pliega
con los ojos lejanos y el alma distraída.

GOLONDRINAS


Las dulces mensajeras de la tristeza son...
son avecillas negras, negras como la noche.
¡Negras como el dolor!

¡Las dulces golondrinas que en invierno se van
y que dejan el nido abandonado y solo
para cruzar el mar!

Cada vez que las veo siento un frío sutil...
¡Oh! ¡Negras avecillas, inquietas avecillas
amantes de abril!

¡Oh! ¡Pobres golondrinas que se van a buscar
como los emigrantes, a las tierras extrañas,
la migaja de pan!

¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid!
¡Venid primaverales, con las alas de luto
llegaos hasta mí!

Sostenedme en las alas... Sostenedme y cruzad
de un volido tan sólo, eterno y más eterno
la inmensidad del mar...

¿Sabéis cómo se viaja hasta el país del sol?...
¿Sabéis dónde se encuentra la eterna primavera,
la fuente del amor?...

¡Llevadme, golondrinas! ¡Llevadme! ¡No temáis!
Yo soy una bohemia, una pobre bohemia
¡Llevadme donde vais!

¿No sabéis, golondrinas errantes, no sabéis,
que tengo el alma enferma porque no puedo irme
volando yo también?

¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid!
¡Venid primaverales! ¡Con las alas de luto
llegaos hasta mí!

¡Venid! ¡Llevadme pronto a correr el albur!...
¡Qué lástima, pequeñas, que no tengáis las alas
tejidas en azul

FRENTE AL MAR


Oh mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.

Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
«Piedad, piedad para el que más ofenda».

Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.

Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.

Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.

Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza.
¡Aire de mar!... ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y la equivoca;
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.

ESTA TARDE


Ahora quiero amar algo lejano...
Algún hombre divino
Que sea como un ave por lo dulce,
Que haya habido mujeres infinitas
Y sepa de otras tierras, y florezca
La palabra en sus labios, perfumada:
Suerte de selva virgen bajo el viento...

Y quiero amarlo ahora. Está la tarde
Blanda y tranquila como espeso musgo,
Tiembla mi boca y mis dedos finos,
Se deshacen mis trenzas poco a poco.

Siento un vago rumor... Toda la tierra
Está cantando dulcemente... Lejos
Los bosques se han cargado de corolas,
Desbordan los arroyos de sus cauces
Y las aguas se filtran en la tierra
Así como mis ojos en los ojos
Que estoy sonañdo embelesada...

Pero
Ya está bajando el sol de los montes,
Las aves se acurrucan en sus nidos,
La tarde ha de morir y él está lejos...
Lejos como este sol que para nunca
Se marcha y me abandona, con las manos
Hundidas en las trenzas, con la boca
Húmeda y temblorosa, con el alma
Sutilizada, ardida en la esperanza
De este amor infinito que me vuelve
Dulce y hermosa...

DOS PALABRAS


Esta noche al oído me has dicho dos palabras
Comunes. Dos palabras cansadas
De ser dichas. Palabras
Que de viejas son nuevas.

Dos palabras tan dulces que la luna que andaba
Filtrando entre las ramas
Se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras
Que una hormiga pasea por mi cuello y no intento
Moverme para echarla.

Tan dulces dos palabras
?Que digo sin quererlo? ¡oh, qué bella, la vida!?
Tan dulces y tan mansas
Que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman.

Tan dulces y tan bellas
Que nerviosos, mis dedos,
Se mueven hacia el cielo imitando tijeras.
Oh, mis dedos quisieran
Cortar estrellas.

DOLOR


Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...

Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

ALMA DESNUDA


Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.

Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.

Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.

Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.

Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.

Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.

Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.

Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.

Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.

¡ ADIOS !


Las cosas que mueren jamás resucitan,
las cosas que mueren no tornan jamás.
¡Se quiebran los vasos y el vidrio que queda
es polvo por siempre y por siempre será!

Cuando los capullos caen de la rama
dos veces seguidas no florecerán...
¡Las flores tronchadas por el viento impío
se agotan por siempre, por siempre jamás!

¡Los días que fueron, los días perdidos,
los días inertes ya no volverán!
¡Qué tristes las horas que se desgranaron
bajo el aletazo de la soledad!

¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas,
las sombras creadas por nuestra maldad!
¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que así se nos van!

¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!...
?de llagas infectas? ¡cúbrete de mal!...
¡Que todo el que llegue se muera al tocarte,
corazón maldito que inquietas mi afán!

¡Adiós para siempre mis dulzuras todas!
¡Adiós mi alegría llena de bondad!
¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas,
las cosas celestes que no vuelven más! ...

ALFONSINA Y EL MAR



Por la blanda arena que lame el mar
su pequeña huella no vuelve más
y un sendero solo de pena y silencio llegó
hasta el agua profunda
y un sendero solo de penas puras llegó
hasta la espuma

Sabe Dios que angustia te acompañó
qué dolores viejos calló tu voz
para recostarte arrullada en el canto
de las caracolas marinas
la canción que canta en el fondo oscuro del mar
la caracola

Te vas Alfonsina con tu soledad
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Y una voz antigua de viento y de mar
te requiebra el alma
y la está llamando
y te vas, hacia allá como en sueños,
dormida Alfonsina, vestida de mar.

Cinco sirenitas te llevarán
por caminos de algas y de coral
y fosforescentes caballos marinos harán
una ronda a tu lado.
Y los habitantes del agua van a nadar pronto a tu lado.

Bájame la lámpara un poco más
déjame que duerma, nodriza en paz
y si llama él no le digas que estoy,
dile que Alfonsina no vuelve.
y si llama él no le digas nunca que estoy,
di que me he ido.

Te vas Alfonsina con tu soledad
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Y una voz antigua de viento y de mar
te requiebra el alma
y la está llamando
y te vas, hacia allá como en sueños,
dormida Alfonsina, vestida de mar.




alfonsina y el mar

VERGUENZA


de Gabriela Mistral




Si tú me miras, yo me vuelvo hermosa
como la hierba a que bajó el rocío,
y desconocerán mi faz gloriosa
las altas cañas cuando baje al río.

Tengo vergüenza de mi boca triste,
de mi voz rota y mis rodillas rudas;
ahora que me miraste y que viniste,
me encontré pobre y me palpé desnuda.

Ninguna piedra en el camino hallaste
más desnuda de luz en la alborada
que esta mujer a la que levantaste,
porque oíste su canto, la mirada.

Yo callaré para que no conozcan
mi dicha los que pasan por el llano,
en el fulgor que da a mi frente tosca
en la tremolación que hay en mi mano...

Es noche y baja a la hierba el rocío;
mírame largo y habla con ternura,
¡que ya mañana al descender al río
lo que besaste llevará hermosura

CARICIA


de Gabriela Mistral




Madre, madre, tú me besas,
pero yo te beso más,
y el enjambre de mis besos
no te deja ni mirar...

Si la abeja se entra al lirio,
no se siente su aletear.
Cuando escondes a tu hijito
ni se le oye respirar...

Yo te miro, yo te miro
sin cansarme de mirar,
y qué lindo niño veo
a tus ojos asomar...

El estanque copia todo
lo que tú mirando estás;
pero tú en las niñas tienes
a tu hijo y nada más.

Los ojitos que me diste
me los tengo de gastar
en seguirte por los valles,
por el cielo y por el mar

DESOLACION


La bruma espesa, eterna, para que olvide dónde
me ha arrojado la mar en su ola de salmuera.
La tierra a la que vine no tiene primavera:
tiene su noche larga que cual madre me esconde.

El viento hace a mi casa su ronda de sollozos
y de alarido, y quiebra, como un cristal, mi grito.
Y en la llanura blanca, de horizonte infinito,
miro morir intensos ocasos dolorosos.

¿A quién podrá llamar la que hasta aquí ha venido
si más lejos que ella sólo fueron los muertos?
¡Tan sólo ellos contemplan un mar callado y yerto
crecer entre sus brazos y los brazos queridos!

Los barcos cuyas velas blanquean en el puerto
vienen de tierras donde no están los que no son míos;
sus hombres de ojos claros no conocen mis ríos
y traen frutos pálidos, sin la luz de mis huertos.

Y la interrogación que sube a mi garganta
al mirarlos pasar, me desciende, vencida:
hablan extrañas lenguas y no la conmovida
lengua que en tierras de oro mi pobre madre canta.

Miro bajar la nieve como el polvo en la huesa;
miro crecer la niebla como el agonizante,
y por no enloquecer no encuentro los instantes,
porque la noche larga ahora tan solo empieza.

Miro el llano extasiado y recojo su duelo,
que viene para ver los paisajes mortales.
La nieve es el semblante que asoma a mis cristales:
¡siempre será su albura bajando de los cielos!

Siempre ella, silenciosa, como la gran mirada
de Dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa;
siempre, como el destino que ni mengua ni pasa,
descenderá a cubrirme, terrible y extasiada.

APEGADO AMI...


Velloncito de mi carne,
que en mi entraña yo tejí,
velloncito friolento,
¡duérmete apegado a mí!

La perdiz duerme en el trébol
escuchándole latir:
no te turben mis alientos,
¡duérmete apegado a mí!

Hierbecita temblorosa
asombrada de vivir,
no te sueltes de mi pecho:
¡duérmete apegado a mí!

Yo que todo lo he perdido
ahora tiemblo de dormir.
No resbales de mi brazo:
¡duérmete apegado a mí!

BALADA DE MI NOMBRE


de Gabriela Mistral


El nombre mío que he perdido,
¿dónde vive, dónde prospera?
Nombre de infancia, gota de leche,
rama de mirto tan ligera.

De no llevarme iba dichoso
o de llevar mi adolescencia
y con él ya no camino
por campos y por praderas.

Llanto mío no conoce
y no la quemó mi salmuera;
cabellos blancos no me ha visto,
ni mi boca con acidia,
y no me habla si me encuentra.

Pero me cuentan que camina
por las quiebras de mi montaña
tarde a la tarde silencioso
y sin mi cuerpo y vuelto mi alma.

 
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